Tallin

Turismo en Tallin: qué ver en Tallin en un día por el centro histórico

abril 28, 2017 13606 views
Calle Viru, centro histórico de TallinCalle Viru, centro histórico de Tallin

Si has leído alguna de mis guías de un día en ciudades europeas habrás visto que no soy partidario de recargarlas, haciéndote pasar más tiempo desplazándote en el transporte público que viviendo una ciudad. Y si no lo había hecho con otras ciudades, menos aún lo iba a hacer con Tallin, cuarto hogar de Vivir Europa. Por eso mi visita de un día a Tallin se centrará en el casco histórico de esta maravillosa capital europea, pues hay mucho por ver. Deja que te cuente qué hacer en Tallin.

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El motivo por el que pienso que merece la pena no salir de la ciudad vieja (vanalinn en estonio) para una primera visita o un primer día en la capital de Estonia no es, ni mucho menos, que no haya nada interesante más allá de ella. Al contrario, hay tanto que sería difícil de abarcar en su totalidad en sólo 24 horas, y prefiero que disfrutes a fondo de un casco histórico medieval que es Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO desde 1997.

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Plaza de la Libertad de Tallin

Nuestra ruta de un día por el centro de Tallin comienza en la Plaza de la Libertad (Vabaduse väljak). La plaza no se encuentre dentro de la magníficamente conservada muralla de la ciudad, y podría no considerarse el centro histórico de Tallin. Pero éste es un lugar que conmemora el hecho más importante de la historia del joven país: la guerra de la independencia que entre 1918 y 1920 terminó por dar a Estonia su primera autonomía. Nunca antes había sido Estonia un país independiente.

Este gran espacio abierto tiene al este la luterana Iglesia de San Juan (Jaani kirik), construida a mediados del siglo XIX; y al oeste la Columna de la Victoria de la guerra de independencia (Vabadussõja võidusammas), una gran cruz conmemorativa que se ilumina en la noche, capturando la atención de todos los objetivos.

Subida a Toompea por Komandandi tee

Si subes las escaleras que conducen a la cruz encontrarás que tras ella, a su derecha, comienza un camino –Komandandi tee– que lleva a la colina de Toompea. Toompea es la parte más elevada de la ciudad y domina el centro histórico desde su parte oeste. Era el lugar de residencia de los gobernadores de la ciudad, y de hecho se consideraba una ciudad en si misma, independiente de Reval, nombre germánico de Tallin, que no fue bautizada con su nombre actual hasta 1878.

Al remontar Komandandi tee verás a tu derecha la Kiek in de Kök, una torre de artillería construida en 1475. Su nombre viene del bajo alemán y significa mirar en la cocina, que es lo que la gente podía hacer desde aquí, viendo las cocinas de las casas cercanas. Hoy en día es museo y galería fotográfica, pero ahora no entres, simplemente continúa la ruta por el sendero que hay tras la torre. A tu derecha, y cruzando un arco, te encontrarás con el Jardín del Rey Danés (Taani Kuninga Aed). Un lugar que por lo oculto, soporta mejor las hordas de turistas que asedian Tallin en verano.

De vuelta al sendero llegarás a la parte superior de Toompea. La cuesta del sendero no te quitará el aliento ni la mitad de lo que lo hará el edificio que te espera al final de éste. La Catedral de Alejandro Nevski (Püha Aleksander Nevski katedraal) sigue siendo la construcción más bella de Tallin para mí, dos años después de mi llegada a esta ciudad.

Tallin, capital de Estonia

Colina de Toompea en Tallin

Catedral de Alejandro Nevski y Parlamento de Estonia

A pesar de mi preferencia, y de su irrefutable belleza, la Catedral de Alejandro Nevski no es el edificio favorito de los locales. Las autoridades del Imperio Ruso decidieron construir esta iglesia a comienzos del siglo XX en el lugar de una popular plaza. En cualquier caso no se puede negar la belleza de este templo ortodoxo cuyas cinco cúpulas son protagonistas de muchas de las mejores instantáneas de la ciudad.

Tallin, capital de Estonia

La entrada a la catedral se encuentra en el lado opuesto al que verás al llegar a Toompea, y justo frente a esta entrada encontrarás un edificio rosa, bueno, yo digo que es rosa, mis amigos estonios dicen que es color salmón -a lo que yo respondo que hay salmones rosa-. Sea cual sea el color de este edificio, se trata del Riigikogu, el Parlamento de Estonia.

Tallin, capital de Estonia

El edificio en un poco habitual estilo expresionista está fusionado con el antiguo Castillo de Toompea, situado en el mismo lugar y del que aún quedan algunas partes en pie. Así que no te extrañes al ver salir de esta fachada del siglo XX torres de piedra de entre los siglos XIV y XVI. La más alta, Pikk Hermann, en la que ondea la bandera de Estonia, las otras dos Landskrone y Pilsticker, habiendo junto a esta última unas escaleras para bajar al Parque Schnelli.

Tallin, capital de Estonia

Catedral de Santa María

Dejando atrás la Catedral de Alejandro Nevski y el Parlamento de Estonia y caminando Toom-Kooll, llegarás al tercer edificio más popular de Toompea, la Catedral de Santa María (Toomkirik). Se trata de la iglesia más vieja de toda Tallin, construida por los daneses en el siglo XIII.

Tallin, capital de Estonia

¿Otra catedral a menos de dos minutos a pie? ¿Pero no es Estonia teóricamente el país con más ateos y agnósticos del mundo? Sí, pero es que como no hay ninguna religión predominante, pues igual que hay una catedral ortodoxa, también está ésta de la Iglesia Evangélica Luterana de Estonia. Al fin y al cabo el laicismo local no es algo histórico.

El interior de la Catedral de Santa María merece una visita sin vas bien de tiempo, sobretodo porque las vistas desde su torre son geniales, pero si te decides por no entrar, puedes acercarte al mirador que hay al final de un pequeño parque junto al muro oeste de la catedral.

Tallin, capital de Estonia

Miradores de Toompea

Al noreste de la Catedral de Santa María el camino se bifurca. Tomando la calle de la izquierda, Rahukohtu, llegarás a un pórtico abierto que da al que, si no me equivoco, es el lugar en el que más fotografías se toman de toda Tallin: el mirador de Patkuli. Aún recuerdo mi primera visita allí. Y tú nunca olvidarás la tuya. Los torreones de la muralla en perfecto estado de conservación, el verde de los árboles o el blanco de la nieve (dependiendo de la temporada de tu viaje a Tallin), los chapiteles -y en especial el de la Iglesia de San Olav, y al fondo el Golfo de Finlandia y los enormes cruceros que surcan sus aguas.

Tallin, capital de Estonia

Tómate todo el tiempo que necesites, hazte fotos, haz fotos, sonríe, disfruta de la maravilla que es ser consciente de que un lugar como Tallin existe realmente. Y cuando estés listo para continuar, hazlo volviendo a Rahukohtu y continuando la calle por donde la dejaste. Al girar inevitablemente a la derecha ya estarás en Toom-Rüütli y caminando dirección sur. En cuanto puedas gira a tu izquierda para llegar a Kohtu y a un nuevo mirador, el mirador de Kohtuotsa.

Tallin, capital de Estonia

A pesar de que parte de las vistas son las mismas que en Patkuli, el poder ver el centro de Tallin, la parte moderna de la ciudad, tras la ciudad vieja, nos devuelve a la realidad de que estamos en el siglo XXI y no en el siglo XV. Pero eso no tiene por qué ser malo. ¡Al menos nada huele mal!

Descenso de Toompea y almuerzo

Continuando Kohtu en dirección sur llegarás de nuevo a donde la Catedral de Santa María se encuentra. Sigue a tu derecha por Piiskopi hasta llegar a la otra catedral de Toompea que hemos visto, la de Alejandro Nevski. Llega el momento de dejar la colina y adentrarnos en lo que antaño fue la ciudad de Reval, el resto del centro histórico de Tallin. Para eso descenderemos Pikk Jalg.

En esta cuesta es habitual encontrarse con pintores que exhiben sus obras o músicos. El lugar es idílico y no da reposo a un corazón (el tuyo) que cada vez está más enamorado de Tallin. Cruza el pórtico bajo Pika jala väravatorn, la torre que hacía de puerta de entrada a Toompea por Pikk jalg (que, por cierto, significa pierna larga -hay una pierna corta con escaleras para acceder a Toompea también, por si quieres explorarla en otra ocasión). Ya en la parte baja del centro histórico de Tallin es hora de hacerse la siguiente pregunta: ¿tienes hambre?

Si comenzaste esta ruta tras desayunar, en estos momentos tu apetito estará bien abierto. Esto es algo que había también planeado. Justo a tu derecha, dejando la Pika jala väravatorn atrás, se encuentra la calle Rataskaevu. Esta es la mejor calle para comer en el centro de Tallin y varios de mis restaurantes recomendados de Tallin para una primera visita están aquí. Tienes opciones para todos los bolsillos y que van desde comida tradicional, moderna y alguna opción internacional, por si prefieres ir a lo conocido.

Zona oeste de la vieja Tallin

Saliendo de las zonas transitadas

Con las pilas recargadas y el estómago feliz, es la hora de continuar caminando para quemar algo lo consumido, pues en Estonia la comida suele ser contundente. Si estás en Rataskaevu vuelve a la altura del pórtico de la torre de entrada a Toompea, dejándolo a tu izquierda en la calle Nunne. En un par de metros verás, de nuevo a tu izquierda, sobre un muro de no más de un metro de altura, un curioso espacio verde con una catarata en miniatura y la estatua de un corzo (Metskits). La estatua, que hoy en día es una copia, es originalmente de Jaan Koorti y fue creada en 1929.

Sigue la calle Nunne hasta dejar atrás el centro histórico. Si no tomaste postre durante tu comida y te queda espacio para una tarta, tienes dos panaderías-pastelerías casi consecutivas: Loiri Pagar y Pagaripoisid, siendo esta última parte de una franquicia homónima, con las tartas más baratas de la zona (sin dejar de ser buenas).

Parques de Vanalinn

Una vez en los espacios verdes del oeste de Vanalinn, la ciudad vieja de Tallin toca tomar una dura decisión. Aunque tenemos a nuestra izquierda el bello Toompark, justo al pie de la colina de Toompea, que se divisa de forma grandiosa en la altura; vamos a girar a la derecha. Es lo malo de hacer una ruta de un día en una ciudad maravillosa, todo no se puede ver (otro motivo para quedarse más tiempo).

El parque que nos espera a la derecha no es menos encantador, y además nos ayuda a continuar con esta especial ruta. Esta zona se conoce como Tornide väljak, la Plaza de las Torres. Y es el lugar donde la muralla de Tallin se conserva en mejores condiciones durante más espacio. Cualquier foto que tomes aquí podría haber sido perfectamente tomada hace siglos (si hubiese cámaras), pues poca cosa ha cambiado.

Durante el verano, aquí es donde se celebra desde 2009 el Festival de las Flores de Tallin, con lo que el lugar se vuelve más colorido y especial. Respira hondo, disfruta, captura imágenes no sólo con tu cámara sino, especialmente, con tu mente.

La zona oculta del centro histórico de Tallin

Si caminas junto al muro verás un pórtico angosto, crúzalo sin miedo y volverás a la ciudad amurallada en la que es, para mí, la zona más mágica de la misma y sorprendentemente la menos turística. Toma tu derecha para caminar por la calle Kooli, una de las más estrechas, y cuando llegues a un espacio que se amplía, antes de caminar hacia la izquierda acércate al callejón sin salida que hay frente a ti. ¿No me digas que no es sorprendente este silencio, incluso en los días de más turistas en verano?

Sigue por Kooli hasta que esta calle desemboque, a la izquierda, en Gümnaasiumi. La calle de la escuela termina en la calle del instituto. Tiene sentido, ¿verdad? La muralla aparece nuevamente, en su lado interior esta vez. Puedes subir y explorarla a través del acceso en la torre Nunna, que hay junto a un gran pórtico de salida en el cruce con Suur-Kloostri. El precio de entrada es 2€.

Cuando termines tu paseo por lo alto de la muralla de Tallin, camina Suur-Kloostri hasta que desemboque en Lai, donde girarás a la izquierda. Lai significa ancho en estonio, y sin duda la calle ancha de la vieja Tallin hace justicia a su nombre.

Lai y Pikk, las arterias de la Tallin gremial

Al salir de Suur-Kloostri gira a la izquierda en Lai para recorrer en dirección norte esta calle, en busca de la Iglesia de San Olaf, cuya torre ya podrás ver en la distancia. A pesar de la importancia de esta calle, las masas todavía no estarán tan presentes como en buena parte del camino que te queda pendiente. Aprovecha esa menguante soledad.

Estás paseando a lo largo de edificios pintados en tonos pastel y dejando atrás algunos de los museos de la ciudad: el Museo de Artes Aplicadas y Diseño de Estonia, el Museo de la Asistencia Sanitaria en Estonia -sí, es un tema extraño para un museo-. Pronto se ven los primeros tejados a dos aguas que claramente indican los edificios más antiguos de la calle, aquellos que pertenecían a los gremios de comerciantes cuando Tallin formaba parte de la Liga Hanseática.

En uno de estos edificios, el que se encuentra frente a la calle Vaimu, tenemos el Teatro de la Ciudad (Linnateater). Las obras en este teatro son en su mayoría en estonio y conseguir entradas una ardua tarea. Esto hace que sea aún más interesante para los visitantes que quieren tener un recuerdo muy especial de la ciudad.

Un par de edificios después del Teatro de la Ciudad encontramos la entrada al patio que nos lleva al tercer museo de la calle Lai en nuestro paseo: el Museo de Historia Natural de Estonia. Junto a esta entrada, un par de árboles que delimitan la entrada a la casa siguiente son las únicas señas de naturaleza de la zona, haciendo este punto algo distinto, aún más especial.

Alrededor de San Olaf

No mucho después, en el cruce con la calle Pagari (Panadería) tenemos un bello edificio modernista en tonos oliva con un pasado mucho menos idílico. Se trata del antiguo cuartel general de la KGB, cuyas celdas se pueden visitar desde hace poco por una entrada en la esquina con la calle Pikk. Aquí, en la planta baja, está también Kohvik Inspiratsioon, una cafetería vegana que hace los mejores capuchinos con leche de almendras que jamás he probado.

Sólo una manzana después llegamos al punto más atractivo de la calle Lai. La entrada a la Iglesia de San Olaf (Oleviste Kirik). De su sencillo exterior, lo único que destaca, sin duda, es la magnitud de su torre. San Olaf fue construida en honor a Olaf II, el rey noruego que finalizó la conversión al cristianismo de su país y, según la leyenda, pudo haber sido el edificio más alto del mundo entre 1549 y 1625 cuando el chapitel de su torre era varios metros más alto. Se habla de una altura de 159 metros en lugar de los 124 de la actualidad.

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Víctor
Tras obtener una Ingeniería Informática, trabajar en el mundo del póquer y pasarme siete años recordando mis 18 meses vividos en Noruega entre 2002 y 2003, en septiembre de 2010 dejé todo atrás y mi vida se convirtió en la web en la que te encuentras ahora. Desde entonces he vivido en Hungría, Reino Unido, Bélgica y ahora Estonia. ¡Te animo a Vivir Europa conmigo!