Hungría

Vivir en Hungría. El país más diferente de toda Europa

septiembre 12, 2011 35600 views
Hősök tere, Budapest, Hungría.Hősök tere, Budapest, Hungría.

Al pensar en Hungría, uno piensa, casi exclusivamente, en Budapest. Piensa en un país que formó parte de un gran imperio pero que en la actualidad parece una sombra de lo sido en casi cualquier ámbito. Un ejemplo es, para los aficionados al fútbol del país, la que fuese temible selección húngara, ausente hoy en día de casi cualquier competición internacional.

Sin saber demasiado más sobre Hungría me dirigí al aeropuerto de Barajas en agosto de 2011. Quería tener la mente lo más limpia posible de conceptos y prejuicios de cara a mi primera etapa de Vivir Europa. Quería empaparme de Hungría gracias a los húngaros, éste es al fin y al cabo uno de los grandes objetivos de esta web. Conocer, a ser posible de la mano de los locales, los mejores lugares de Europa.

Tras mis primeros días en el país, ya había sacado ciertas conclusiones, aún a pesar de no ser nada parecido a un experto. Una de ellas era la referida a la personalidad de los húngaros.

Charlando con una de las primeras personas que conocí en Debrecen gracias a CouchSurfing, ésta me preguntaba sobre mi opinión sobre los húngaros y si se parecían más a los españoles o a los noruegos, que por aquel entonces eran los dos pueblos que había vivido en mis carnes. Mi respuesta fue la siguiente: «Creo que el húngaro está justo a mitad de camino entre los escandinavos y los latinos de Europa.»

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A mitad de camino porque son un pueblo muy tranquilo, de gentes nada exageradas y que cuidan sobremanera aspectos como el silencio en las calles. De hecho cuando llegué a Hungría comencé a pensar si no me estaría quedando sordo, porque el ruido de la marabunta húngara que pasea por la calle principal de Debrecen cada día no es ni la mitad que el que un par de jóvenes puedan hacer en un parque español.

Nagytemplom y el tranvía de Debrecen

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Pero los húngaros no son escandinavos porque no tienen su independencia. Un húngaro necesita gente a su alrededor, mientras que un noruego puede estar encerrado en su habitación sin salir durante días y días para hablar con sus compañeros de piso, incluso si estos no le caen especialmente mal.

Así, este «pueblo intermedio» es un pueblo de gente tímida, a la que le cuesta comunicarse con el extranjero por miedo a su mal inglés (los pocos que lo hablan) pero muy amable y dispuesta a ayudarte también. De no ser por los húngaros que he conocido hasta ahora os estaría hablando desde un McDonald’s ahora mismo y dormiría en un hostal, dejándome los pocos ahorros que tengo.

Pero el hecho de que sean amables y tímidos no nos tiene que bajar la guardia ante la picaresca de algún húngaro en cuanto al dinero se refiere. Para algunos húngaros un europeo del oeste es por definición rico, hasta nosotros los españoles. Así, los desalmados tratarán de aprovecharse a la hora de ofrecerte un servicio. Ojo, la gente por la calle no te va a timar, no estoy diciendo eso ni mucho menos. Si alguien te ayuda a buscar un supermercado no lo está haciendo por la comisión que se llevará al acercarte al sitio más caro de la ciudad, pero la cosa cambia si estamos hablando de ciertos húngaros.

Esto lo he visto especialmente en el mundo del alquiler. Los caseros me odiaban con la mirada por ir acompañado de Daniel, un amigo húngaro que me hacía de intérprete y evitó más de un timo hacia mi persona.

Catedral de Eger

Dejando de lado las gentes, hay una palabra que he usado hasta la saciedad desde mi llegada a Hungría: barata. Leo en todas partes decir a amigos y escritores que Hungría ya no es lo que era a este respecto, y yo solo puedo decir: «¡mi madre! ¿cómo sería?»; porque aquí los precios son bastante inferiores a España. En particular los precios de los bares y restaurantes.

Menús de mediodía por tres o cuatro euros, cervezas de medio litro por menos de un euro o cafés con leche en la terraza de la cafetería más pija de la ciudad por poco más de un euro son algunos de los ejemplos que me he encontrado. Por supuesto los sueldos son bajísimos y ganar más de 100 000 HUF al mes (unos 375€) era para mucha gente una utopía en 2011, cuando viví en Hungría. No es que regalen nada a los locales, vaya.

Por último, la mezcla entre el señorío de la arquitectura del imperio austro-húngaro y la sobriedad, por no decir frialdad, de la arquitectura comunista. Un contraste que no solo se ve de un barrio a otro, sino entre dos calles paralelas y que a mí me ha dejado helado. Más adelante en mi periplo por Europa me di cuenta de que esta característica se da en otros países del antiguo bloque soviético.

Sin ir más lejos, Kossuth Tér, la plaza central de Debrecen es un espectáculo visual de gran colorido pero al atravesar el callejón que lleva a mi calle te encuentras, de repente, con un gran edificio de cemento gris, frío, muy poco acogedor.

Catedral de Pécs

Esta dicotomía la experimenté también en mi primer fin de semana en Budapest. Entonces las sensaciones fueron más fuertes, pues nunca había estado hasta entonces en un país al otro lado del telón.

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