sábado, 25 de febrero de 2012

El Coliseo romano. Cuna de los gladiadores de Roma

Este artículo pertenece a la guía de Roma de Vivir Europa.

[Post patrocinado] El que es sin lugar a duda el edificio más famoso de Roma, la ciudad con más historia de Europa y que fue imperio en sí misma, es el protagonista hoy en Vivir Europa. Y lo es con todo el derecho del mundo, pues pocas construcciones de nuestro mundo han figurado en los sueños e ilusiones, en las fantasías de niños y adultos como el Coliseo de Roma, el Colosseum, lo ha hecho.

El Coliseo de Roma

Si tú también tienes una historia que contar sobre el Coliseo incluso sin haberlo visto aún merece la pena aprovechar la gran oferta de apartamentos en Roma de alquiler para dar rienda suelta a tu imaginación, como yo lo hice, en una lluviosa mañana de noviembre.

En mi caso el Coliseo evocaba inevitablemente tardes en frente de tebeos de Astérix y Obélix, de aquellos tiempos en que los romanos no eran más que débiles enemigos de unos galos que merecían toda mi admiración. Por aquel entonces, en los ojos de un niño, no había peyorativos posibles para nuestros vecinos franceses, ni afinidad alguna entre el poderoso imperio enemigo y yo.

El Coliseo de Roma

En el descenso del Parco di Traiano al que había llegado desde mi hotel cerca de la iglesia de Santa Maria Maggiore llegaron a mí todos esos combates de gladiadores que durante mi infancia imaginé. Hombres combatiendo entre sí con espadas, escudos, cascos, redes y tridentes, pero también haciéndolo con las más feroces fieras.

Aunque, muy a mi pesar, los gladiadores que me encontré distaban mucho de aquello que un Víctor de 8 años hubiese esperado. Armados con paragüas en lugar de espadas, una decena de hombres vestidos de gladiador estaban dispuestos alrededor del Coliseo esperando a deleitar con su presencia a los caza monumentos que rodeaban el edificio a cambio de unas monedas. Todo un negocio, que es en lo que muchas ocasiones se convierte la historia y el arte.

Un gladiador con paragüas

Aún así, ni los turistas, ni los falsos gladiadores, ni la lluvia me impidieron disfrutar de este encuentro que llevaba toda mi vida consciente esperando. Y os digo que el Anfiteatro Flavio, como se le conocía en el momento de inaugurarlo allá por el año 80 después de Cristo no me decepcionó.

De su hipogeo, las mazmorras y túneles que se escondían bajo la arena del Coliseo, aún se podía sentir la tensión que prisioneros y guerreros sentirían en su día ante la anticipación de su propia muerte. Era solemne, pero con una solemnidad más tétrica que respetuosa.

El Coliseo de Roma

Y de sus gradas, que hoy en día son copiadas por los estadios donde el pueblo disfruta de su nuevo pasatiempo, las almas de las más de 50 000 personas que podía acoger el anfiteatro se pelean hoy en día con sus nuevos, ruidosos y curiosos inquilinos.

Hay que dar las gracias, todo sea dicho, a la iglesia católica en esta ocasión, que aprovechando la cercanía de su ciudad del Vaticano decidió encargarse de proteger este edificio para honrar a sus mártires fenecidos en él y paró así un expolio que hubiese hecho que el Coliseo de Roma desapareciese para siempre de la misma forma que el Coloso de Nerón, estatua que dio nombre al anfiteatro lo hizo hace ya muchísimos años.

El Coliseo de Roma

No te diré que si haces una visita a Roma vayas al Coliseo romano, pues eso es algo que sin duda tienes ya claro. Sí que te diré que hagas un esfuerzo y disfrutes de él no solo como lo que ante ti se muestre, sino también como la representación de todo ello que sobre él habías soñado.

Tu viaje a Roma comienza en Vivir Europa

 

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