Muchas veces me cuesta mucho hablaros de ciertos destinos o lugares debido al poco tiempo que he pasado en ellos. No me gusta hacer juicios basados en poca información, y unas pocas horas siempre me saben a eso, a poco, cuando quiero tocar un tema en la web. En cambio no había llegado a ver cuan difícil sería escribir un artículo sobre Valencia, la ciudad que me vio nacer, para completar el monográfico de la ciudad que llevo escribiendo desde el inicio de Vivir Europa.
Valencia es una ciudad de palmeras y pinos. Hasta en la flora se siente esta incongruencia que es mi ciudad, un convivir en tensión de antónimos que en el caso de los árboles mencionados tiene un claro significado, una interpretación que define este coexistir entre el perenne habitante de las montañas y el árbol marino por excelencia, Valencia quiere ser Mediterráneo.
Y no hace mucho que lo quiere ser, pues tiempo después incluso de que la lluvia, y su horrible sistema de drenaje, privasen a la ciudad de un río que aún ayuda a denominar a la urbe (la capital del Turia), Valencia vivía de espaldas al Mare Nostrum. A sabiendas de que estaba ahí, pero sin prestarle atención. Como dos adolescentes que se quieren con locura pero son demasiado jóvenes como para admitir, sin tonterías, lo que el uno siente por el otro.
Aún recuerdo mis viajes a la Malvarrosa, el barrio marítimo de la ciudad en el coche de mis padres, cruzando campos de chufa, peculiar tubérculo del que se extrae el oro blanco líquido que es bebida oficial de la ciudad. Para ir a la playa tenías que salir de la ciudad, así de lejos estaban la una de la otra hace menos de 20 años.
Y por este motivo seguramente la brisa marina se pierde rápidamente entre las calles, no teniendo la presencia que en otras ciudades marítimas he podido disfrutar. El salitre, la humedad, lo son menos en Valencia salvo, claro está, si te decides a caminar por su magnífico paseo marítimo, en particular durante el invierno, cuando las olas se siente libres pues el mar no tiene más visitantes que los pescadores de los que Vicente Blasco Ibáñez tanto hablaba.
Otro de los contrastes que cualquier visitante observa en Valencia es el que hay entre el centro de la ciudad y el clasicismo de sus edificios de finales del siglo XIX y principios del XX y la modernidad de las nuevas atracciones que consiguieron colocar a Valencia en la lista de las diez ciudades que visitar en 2011 según la editorial de viajes Lonely Planet. De entre estos edificios vanguardistas, la controvertida Ciudad de las Artes y las Ciencias, que ha conseguido que miles de visitantes disfruten también de los jardines del río Turia, de nuevo, otra vez, el río presente.
La Valencia que me vio nacer parecía ni querer saber del turismo, escondida tras otras propuestas de la comunidad autónoma como pudiesen ser Benidorm o Gandía. Durante mi adolescencia y primera juventud un nuevo afán por hacer descubrir a los demás aquello que los locales ya sabíamos hizo que su inicial pasotismo se convirtiese en un quiero, quiero aparecer en los mapas; y posiblemente a día de hoy ya haya llegado a la categoría de puedo en lo que a ciudades de visita obligatoria, al menos en España, se refiere.
Pero no todo lo que reluce es oro, chata. Tiraré una piedra sobre mi tejado, con esto de que estoy tratando de ver a Valencia como visitante y no como hijo de la ciudad. En mi opinión, las gentes de esta ciudad, aún somos algo reacias a compartir lo que por tanto tiempo fue solo nuestro, y seguramente éste es el motivo por el cual creo que hay mucho que mejorar en el sector servicios si queremos poner a Valencia a la altura de otros destinos. Me consta que hay mucha gente deseosa de conseguirlo, que siente una pasión por la capital del Turia igual o mayor a la mía, por eso sé que el trato, que en ocasiones deja aún que desear, de muchos de los empleados que he encontrado trabajando cara al público, no hará más que mejorar en los próximos años.
Y será entonces cuando mi tierra, sus murciélagos y esa gigantesca luna de Valencia que lleva siglos dando algo de luz a la oscuridad de la noche valenciana, se llevará el corazón de millones de personas y a mí no me quedará más que, cual receloso ex-amante, pasear sigiloso por sus rincones más ocultos, tratando de hacerle ver que antes que todos los demás, estuve yo.
Este artículo es el primero del monográfico para visitar Valencia. A continuación tienes el resto de artículos para que prepares tu visita.
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