lunes, 28 de noviembre de 2016

Viaja para que tus amistades sean eternas

Un día más me siento frente al portátil con la idea de terminar uno de los cientos (no bromeo) de artículos que tengo pendientes para Vivir Europa, y como en tantas ocasiones me es imposible elegir uno. No me los siento ahora mismo. Hoy no me apetece hablar de destinos, itinerarios o dar consejos para hacerte vivir en lugar de viajar. Hoy quiero hablar de la amistad, y de cómo ser un viajero perpetuo ha hecho que mis amistades sean eternas.

Viajar para hacer amigos

Reconozco que soy un tipo con suerte, hago lo que más me gusta en el mundo: socializar, viajar y escribir. He vivido al menos seis meses en seis países distintos (cuatro desde que comencé esta aventura): España, Noruega, Hungría, Reino Unido, Bélgica y Estonia. Y en los últimos quince años de mi vida he tenido conversaciones intensas, muchas de ellas del tipo que -con o sin copas de por medio- te hace sentir que tu vida nunca será igual, con más de dos mil personas. No, no las he contado, pero en uno de esos momentos en los que mi mente deambula en lugar de centrarse en escribir concluí que este número era factible. Una locura, ¿verdad?

Incluso si dedicase todo mi tiempo a socializar sería imposible haber mantenido el contacto diario con todas estas personas. Además están repartidas por todo el mundo, con lo que el quedar a tomar un café no es una opción. Creo sinceramente que uno no puede estar en contacto frecuente con más de un puñado de personas. Dejémoslo en quince, ya que estamos dando números hoy. Y aún así, mi corazón sabe que al menos un 5% de las 2000 personas que conocí, son verdaderos amigos. Digo que mi corazón lo sabe porque si te digo que lo sé a ciencia cierta te estaría mintiendo y tengo problemas con las mentiras. ¿Llamo entonces amistad a algo que sólo es en realidad un simple colegueo? ¿Considero amigos a gente que fue amiga mía en su día y que ya no lo es? ¡No! Y, definitivamente, ¡no!

Primero quiero desmitificar aquella idea de que los verdaderos amigos siempre están contigo. No, hoy en día no. En un mundo en crisis continua, donde el transporte y las telecomunicaciones son tan rápidos y eficientes que las personas más mayores piensan que hay gato encerrado, si pasas toda tu vida rodeado de la misma gente tienes demasiada suerte o demasiado miedo.

Uno podría pensar que, como las plantas, las amistades se van a marchitar en la distancia. Pero no es así, las verdaderas amistades son como los cactus. No necesitan más que un poco de agua, un agua que se suministra con mucha más facilidad cuando uno viaja. Y cuando tu cactus se riega, o sabe que se va a regar, o incluso sabe que aunque no parece que se vaya a regar en el futuro, se podría regar un día de estos, éste aguantará en pie.

Viajar para hacer amigos

Esto mismo, sin metáfora, se queda así: cuando ves a un amigo, o sabes que vas a verlo en un futuro viaje, o incluso cuando no tienes previsto verlo pero sabes que tanto tú como tu amigo sois culos inquietos y os podéis encontrar en cualquier lugar del mundo; esa amistad durará para siempre, será eterna.

Si no estás de acuerdo conmigo, piensa ahora esto: ¿dijiste alguna vez aquello de “parece que fue ayer cuando nos vimos la última vez y han pasado ya X años/meses/semanas”? Yo lo dije hoy mismo a Ines, una amiga alemana a la que no veía desde el verano de 2013, hace tres años y medio, cuando dejé Southampton.

Y antes se lo dije a Jorge, que me visitó en Bélgica y dos veces en Tallin antes de quedarse a vivir un mes conmigo para viajar a San Petersburgo después. Y a Mako, que volvió a Estonia tras dar, literalmente, la vuelta al mundo. Y a Fernanda, que decidió explorar Europa antes de regresar al hostal que he regentado. Y a Francesco, tras doce años sin vernos, cuando me hospedó en Milán. Y a Álex cuando se quedó a dormir en casa de mis padres, en Serra, viniendo de Madrid sólo para verme tras pasar él más de un año en Tailandia. Y a Ági que descubrió Lovaina como descubrió Southampton tras conocernos en Hungría. Y a Dani, que me trajo comida desde Londres en los momentos más duros de mi vida en Bélgica tras pasar la Nochevieja juntos en Inglaterra. Y a Merche y Darío, que casi mueren congelados cuando decidieron visitarme durante la ola de frío en Debrecen, Hungría.

Viajar para hacer amigos

Y así se lo he dicho, y se lo seguiré diciendo, a todas y cada una de esas personas que serán mis amigas para siempre gracias a viajar, a no tener miedo a conocer a gente de todo el mundo y a explorar ese mismo mundo con ellas. Y eso hará que mis amistades sean eternas y mi vida siga siendo completa. Olvídate hoy de viajar por selfies, monumentos, rutas, cruceros. Viaja para que todos aquellos que están lejos, vuelvan a estar cerca.

Tu viaje a Europa comienza en Vivir Europa

 

Acerca de

Realizado por Víctor M. Martínez Valero.

Contactar con el creador

¡Viaja por Europa!


Vivir Europa Copyright © 2009 Community is Designed by Bie