lunes, 23 de febrero de 2015

Slavín, el monumento y cementerio soviético de Bratislava

Este artículo pertenece a la guía de Bratislava de Vivir Europa.

La solemnidad de todos los cementerios, especialmente aquellos militares, no es algo que podamos dudar. A nadie se le ha ocurrido todavía inundar de vivos colores un mausoleo o poner una carreta de venta de helados junto a una fosa común -y espero que siga así la cosa. Pero si hay un cementerio que se lleve la palma en lo que a solemnidad se refiere, quizás es el Slavín de Bratislava.

Slavín de Bratislava

El Slavín es un cementerio y monumento que conmemora la entrada del ejército soviético y consecuente liberación de Eslovaquia de las manos de los Nazis durante los años 1944 y 1945, cuando la Segunda Guerra Mundial comenzaba su etapa final, que terminaría con la victoria aliada. Se sitúa en una gran colina al oeste de Bratislava, pero no demasiado lejos de su centro. Esta colina indica además el inicio de la sierra conocida como los Pequeños Cárpatos.

Slavín de Bratislava

Aunque la base de la colina está ocupada por algunas de las mansiones más impresionantes de la capital eslovaca -incluyendo varias embajadas de la ciudad-, toda la parte superior de la misma forma parte de este recinto que agradeció la labor del ejército rojo, construido durante la época comunista en la entonces aún Checoslovaquia.

Slavín de Bratislava

Todo el Slavín está realizado en estilo estalinista, aunque durante su construcción, entre 1957 y 1960, Stallin ya había fallecido. Un estilo arquitectónico que, en mi opinión, causa un mayor impacto en un día frío y oscuro de invierno, gracias al tono oscuro de los materiales y la sobriedad de los elementos decorativos.

Slavín de Bratislava

Una vez cruzas cualquiera de las tres entradas del Slavín, especialmente si lo haces por la entrada principal, te das cuenta de lo impactante que es el lugar no sólo por su arquitectura, sino también por las espectaculares vistas de la ciudad de Bratislava que ofrece, especialmente si el día está despejado. El Castillo de Bratislava queda empequeñecido desde este lugar a cada paso de la gran escalinata del Slavín que das.

Slavín de Bratislava

Su cementerio cuenta con 278 tumbas individuales y seis tumbas colectivas para los 6845 soldados soviéticos que fallecieron en la liberación de Bratislava. Seis tumbas ligeramente elevadas que hacen que el césped que las cubre quede prácticamente a la altura de tus ojos, creando grandes espacios vacíos a tu alrededor.

Slavín de Bratislava

Junto a las tumbas, y aún más elevado, hay un edificio principal coronado por un gran obelisco de casi 40 metros de altura que termina con la estatua de un soldado aplastando una esvástica. En las paredes de este mausoleo figuran inscripciones conmemorando las fechas de liberación de algunas de las ciudades más importantes de Eslovaquia.

Slavín de Bratislava

Son muchos los artistas locales que participaron en la creación de las estatuas que se reparten por el Slavín, todos, como es lógico teniendo en cuenta el motivo del monumento y la situación política del país, partidarios del régimen comunista.

Slavín de Bratislava

Decía que el Slavín se sitúa en una colina de gran pendiente a la que se puede llegar en una media hora a pie desde el centro de la ciudad. ¿Y por qué hacerlo a pie si existen autobuses que llevan hasta la cima y el precio del transporte público de Bratislava es uno de los más bajos de las capitales europeas?

Sencillamente porque convierte la experiencia de visitar el Slavín en algo único. Especialmente si el día es frío, nublado, y con ráfagas de viento. Se sufre un poco y se podrá pasar frío, pero cada paso que das en dirección a este mausoleo te hace sentir el peso de la historia cuyo desenlace motivó el monumento. Cuando tras varios minutos andando y perdiéndose entre mansiones y callejuelas uno termina subiendo las escaleras al Slavín llega un clímax indescriptible que hace de la experiencia algo que transciende lo turístico.

Slavín de Bratislava

La historia nos ha dejado grandes guerras que ojalá no se vuelvan a repetir, y son lugares como el Slavín de Bratislava los que nos deberían recordar realmente por qué no debe repetirse. Las colinas de una ciudad no deberían ser el lugar de reposo de casi 7000 mil jóvenes que no debieron morir tan pronto.

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