jueves, 29 de mayo de 2014

Matavacas, apagalunas, portahondas y más motes belgas

Este artículo pertenece a la guía para vivir en Bélgica de Vivir Europa.

No me extrañaría demasiado que al leer el título de este artículo hayas pensado que definitivamente se me ha ido la cabeza. Afortunadamente en los últimos tiempos no creo haber empeorado, sigo estando igual de loco que antes. Lo único que pasa es que resulta que los belgas tienen la curiosa costumbre de poner motes a los habitantes de prácticamente todas sus ciudades. Motes que vienen de historias de lo más variopintas, y que me han hecho reír tantas veces que tenía que contártelos A continuación tienes los motes de los habitantes de algunas ciudades belgas, y su origen.

Bruselas, capital de Bélgica

Apagalunas (maneblussers) de Malinas

Parece ser que en la madrugada del 27 al 28 de enero de 1687, en una noche de mucha niebla, un borracho regresaba a casa cuando se encontró con que la torre de San Rumoldo, todavía el símbolo arquitectónico de la ciudad de Malinas (Mechelen en neerlandés) estaba en llamas. No tardó en dar la alarma y el caos se propagó en pocos minutos por toda la ciudad. Cuando los primeros cubos de agua ya llegaban a la torre a través de largas escaleras dispuestas por los vecinos apareció la luna a través de la niebla como un gracioso tras hacer una broma. El fuego no era más que el rojizo reflejo del satélite a través de la densa niebla, y el mote de los malineses no desaparecería nunca.

Matavacas (koeienschieters) de Lovaina

Corría el año 1691 cuando los franceses asediaban la ciudad de Lovaina. Una noche, los habitantes de la ciudad se percataron de que en las afueras de ésta había un movimiento extraño. Rápidamente abrieron fuego contra los traicioneros franceses que habían decidido atacar la ciudad mientras los locales dormían. Cuando a la mañana siguiente, orgullosos, los habitantes de Lovaina se dispusieron a ver a cuántos franceses habían cazado, no encontraron más que los cadáveres de todo un rebaño de vacas.

Groot Begijnhof de Lovaina

Portasogas (stroppendragers) de Gante

Cuando Carlos I de España, que también fue el Emperador Carlos V del Sacro Imperio Romano Germánico -y otras muchas cosas- volvió a su Gante natal el 3 de mayo de 1540 no lo hizo con demasiadas buenas intenciones. Quería hacer pagar a sus gentes por su reciente revuelta, así que, además de matar a unos 25 hombres, eligió a otros 50 que hizo pasear descalzos, y vestidos solo con una túnica blanca y una soga al cuello por toda la ciudad. Hoy en día la soga es símbolo de orgullo de la ciudad, así que este es de los pocos motes que no ridiculizan a sus portadores.

Gante en Bélgica

Señores (sinjoren) de Amberes

Un sinjoor es una persona de Amberes cuyos padres también nacieron en esta ciudad. Teniendo en cuenta que Amberes es posiblemente la ciudad más multicultural de Bélgica no es de extrañar que este apodo sea más bien exclusivo. El apodo se remonta a la ocupación española durante la guerra de los 80 años. Los nobles españoles se hacían llamar señores por los locales, a pesar de que estos no hablaban nada de español. Los burgueses de la ciudad pronto copiaron a los ocupantes y la palabra terminó por evolucionar a la grafía que asemeja más a la pronunciación en español.

Amberes en Bélgica

Hay muchos otros motes en Bélgica como los babosas (lumeçon) de Namur, las cebollas (ajuinen) de Alost, los comegalletas (koeketeers) de Hasselt, los tostanabos (rapenbraders) de San Nicolás de Flandes o los comepollos (kiekenfretters) de Bruselas, todos ellos con historias de lo más curiosas, y es que parece que a los belgas les gusta esto de etiquetar al vecino. ¿Conoces algún otro mote que sea popular en Bélgica y que no haya mencionado? ¡Coméntamelo!

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