viernes, 28 de marzo de 2014

El antes y el después de la Plaza Redonda de Valencia

Este artículo pertenece a la guía de Valencia de Vivir Europa.

A pesar de lo que disfruto de Vivir Europa, no puedo evitar en ocasiones echar de menos mi ciudad de origen, Valencia. Cuando un momento de morriña llega me pongo a escribir artículos como éste que no hacen más que mitificar aún más un lugar que sigue siendo en muchas cosas mi favorito del mundo. En especial si el tema que trato es un lugar como la Plaza Redonda de Valencia, que ha formado parte de mi vida desde siempre.

Barrio del Carmen de Valencia

La Plaza Redonda fue levantada por Salvador Escrig en 1840 y estaba predestinada a recibir tal nombre, aunque no fue el original, pues su planta es la de un círculo perfecto situado en una especie de patio interior comunicado con el resto de la ciudad por cuatro callejones. Diáfana por aquel entonces, la plaza apenas tenía una fuente de taza en su centro que fue levantada en 1850.

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En ella se disponían puestos de un mercado ambulante que se unían a los pequeños comercios situados en las plantas bajas de los edificios de la plaza, edificios de tres pisos de altura con una barandilla corrida en el piso inferior. El mercado ambulante sería poco a poco sustituido por puestos permanentes y para mediados del siglo XX, al cumplir sus primeros cien años la plaza tenía en su interior un círculo de tiendas dedicadas a la venta de objetos domésticos y comestibles.

Mientras los bajos de las viviendas se dedicaban a vender principalmente mercería e hilados, los puestos centrales, en madera y con cerámicas incrustadas en tonos blancos, azules y amarillos vendían productos del hogar. Y fue esta misma Plaza Redonda la que yo conocí como un niño al acercarse ya el final del siglo.

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Especialmente en los domingos, cuando además de todas las tiendas un mercado ambulante te ofrecía la posibilidad de comprar animales, cuadros, grabados, música o lo más importante de todo: cambiar cromos con otra gente. Si fuiste un niño en los años ochenta sabrás la importancia que tenía la posibilidad de deshacerte de tus cromos repetidos y conseguir terminar las colecciones de tus series de televisión o aficiones favoritas.

Pero las maderas de los puestos envejecieron y la Plaza Redonda se había, en cierto modo, convertido en un lugar desdeñado. Con todo su encanto, pero no apto para el creciente turismo en la ciudad en el siglo XXI. Y claro, se decidió hacer una reforma.

Una restauración que ha sido, en mi opinión, una muy buena cirugía estética, con todo lo que esto conlleva: el acabado es fantástico, pero se siente falso, ha perdido su autenticidad. Los edificios hoy lucen homogéneos, todos recién pintados y todos del mismo color. Hasta se ha cuidado el uso de persianas en balcones y ventanas.

Barrio del Carmen de Valencia

Mientras que donde estaba el círculo interior de puestos de madera y azulejos hoy hay una serie de puestos modernos bajo una moderna cubierta de un translucido metal. Hasta el pavimento ha sido cambiado por completo dejando una cinta de Vicente Blasco Ibáñez sobre la Plaza Redonda como única referencia al pasado.

Afortunadamente algo no ha cambiado demasiado, y son las tiendas que siguen vendiendo encajes, bordados, botones y ropa, e incluso sigue allí la Casa de los Botijos. Pero ahora se ven acompañadas de puestos dedicados exclusivamente a la venta de souvenirs a los muchos turistas que hoy en día sí visitan la plaza.

Barrio del Carmen de Valencia

Si quieres conocer este lugar tan entrañable, aunque sea con su nuevo y moderno aspecto, no tienes más que preparar tu viaje y reservar en alguno de los hoteles del centro de la ciudad. Verás como aún conserva sensaciones de la Valencia de finales del siglo XIX.

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