viernes, 29 de noviembre de 2013

Viajar a Montpellier, escudo del Mediterráneo francés

Tan cerca de la frontera con España y sin embargo Montpellier es una ciudad que había pasado desapercibida hasta que tuve la suerte de que una amiga se mudase allí, porque muchas veces la antesala para viajar es precisamente que lo hagan los amigos. Así hoy puedo comenzar a hablarte de esta ciudad mediterránea, aunque no pegada al mar, en la que todos sus habitantes son médicos.

Montpellier en Francia

Hace menos de 1500 años fue fundada la joven ciudad de Montpellier, o al menos joven en términos europeos. Fue en la oscura época medieval en la que la actual capital de la región de Languedoc-Roussillon se construyó sobre una colina situada a mitad de camino entre los ríos Lez y Mosson.

Montpellier en Francia

Alrededor del año 1200 la fortificación de Montpellier cubría ya todo lo que hoy en día se conoce como Écusson -escudo en francés, debido a su forma-. De su muralla dos torres se conservan aún que te anuncian la llegada del centro y de las cuestas con él.

Montpellier en Francia

En el centro se encuentra la antigua Universidad de Montpellier, que aún funciona, y que comenzó creándose tras un extraño movimiento del regente de la época en 1181, Guillermo VIII, al que se le ocurrió firmar un edicto que permitía la enseñanza de la medicina a cualquiera, fuera cual fuera su religión y trasfondo.

Montpellier en Francia

Esto convirtió en Montpellier en la ciudad universitaria y alegre que más de ochocientos años después sigue siendo. Las calles, sea cual sea la época del año están llenas, como también sus terrazas, y en la plaza más popular de la ciudad, la Place de la Comédie parece no caber nadie a pesar de su gran extensión.

Montpellier en Francia

No solo es una ciudad para el estudio, sino también para la música. Me decía esto mi amiga, hablándome de cómo unos músicos estadounidenses habían elegido Montpellier para asentarse por ser el mejor lugar de Francia para dedicarse a este arte. Arte que en Montpellier no es gratis, pues sus museos suelen tener entradas bastante altas que convierten en un lujo las exposiciones de la ciudad.

Estando tan cerca de España teníamos que dejar nuestra huella en Montpellier, y lo hicimos en los años setenta del siglo XX por medio de Ricardo Bofill (padre, se entiende), quien horrorizado por el aspecto del Polygone, un gran complejo comercial al este del casco histórico y al norte de la estación de tren, se decidió por construir el Antigone, todo un barrio completamente diseñado por él que aúna apartamentos de lujo con vivienda de protección oficial.

Montpellier en Francia

Una visita a Montpellier tiene dos puntos de partida posibles, casi es una obligación elegir entre uno de ellos. Por un lado está el Corum, un centro de conferencias y ópera cuyo tejado es de fácil acceso y ofrece las mejores visitas del norte y este de la ciudad.

Montpellier en Francia

Por el otro la Place Royale du Peyrou, construida en el siglo XVII sigue siendo el punto más alto de la ciudad, en principio fue así por ley, ahora por respeto a esta explanada de tres alturas delimitada al este por la Porte du Peyrou, el arco del triunfo de Montpellier y al oeste por el Acueducto de la ciudad; y que contiene la estructura más fotogénica y curiosa, el Château d'Eau, quizás el depósito de agua más bello del mundo.

Montpellier en Francia

Tan pegada a España que resulta difícil negarse a visitarla y con cantidad de vuelos a buen precio que llegan a aeropuertos cercanos, Montpellier combina la vida del Mediterráneo, la belleza de la arquitectura medieval y la grandeza de las ciudades francesas en un pequeño lugar. ¿Lo visitamos?

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