sábado, 24 de diciembre de 2011

Navidad en Hungría: Kürtős Kalács, dulce transilvano

Este artículo pertenece a la guía para vivir en Hungría de Vivir Europa.

En este día, uno de los más señalados de la Navidad, voy a hablaros del dulce navideño por excelencia de Hungría, el Kürtős Kalács, que en español vendría a ser la torta de chimenea, literalmente. Una delicia curiosa en la forma y el contenido, sin duda.

Preparando un Kürtős Kalács

Originario de Transilvania, el Kürtős Kalács (que también encontraréis escrito uniendo ambas palabras) y yo nos conocimos en mi primer fin de semana en Hungría, a finales del mes de agosto pasado, aunque solo nos presentaron, pues con la temperatura veraniega de Budapest en ese momento un dulce caliente no me parecía lo más indicado. Eso sí, gracias a sus orígenes, me tiré prácticamente tres meses, hasta que llegó el frío y abrieron los mercados de Navidad, pensando que no era un plato típico de Hungría, sino que era algo importado. Al fin y al cabo Transilvania es Rumanía, ¿o no?, de eso ya os hablaré más adelante, no lo dudéis.

El Kürtős Kalács se prepara con una masa cuyo sabor me recuerda ligeramente al preparado con el que se hacen las tradicionales monas de Pascua de Valencia, una especie de panquemado. Esta masa se trabaja cual plastilina para crear largas cuerdas de unos dos centímetros de grosor que se enrollan sobre un cilindro metálico unido a una vara para luego, haciendo servir este cilindro como un rodillo aplastar la masa formando así esa chimenea que podéis apreciar en las fotos.

Tras untarlo con algo de mantequilla, posiblemente, se cubre de azúcar y del sabor escogido. Hay muchas opciones, de entre las cuales yo he probado, por ejemplo, la vainilla y la canela, pero mi Kürtős Kalács favorito hasta la fecha es sin duda aquél que se hace con nuez molida (que no moscada). Después se coloca la vara sobre un fuego abierto y se cocina hasta que está dorado, girando las varas para que se haga por igual toda su superficie. Es crujiente por fuera, blando por dentro y absolutamente delicioso.

Preparando Kürtős Kalács

Este dulce parece, como casi todo lo que los húngaros consumen durante la Navidad, orientado a calentar al comensal desde el primer momento. Una vez comprado, recién hecho, veréis como de esta chimenea brota literalmente humo mientras la sostenéis con ambas manos para paliar esa horrible sensación de congelación que recorre nuestro cuerpo cuando paseamos a temperaturas por debajo de los cero grados centígrados. Está ardiendo, y se agradece.

Para comerlo basta con tirar del borde superior, mientras sigue calentado vuestra otra mano sobre la que se apoya, y como un muelle se irá deshaciendo la chimenea. Arrancad trozo a trozo y veréis como, a pesar del frío, os lo comeréis todo caliente.

El precio de un Kürtős Kalács puede variar bastante, pues son varios los tamaños que hay y muchos los posibles sabores. Además, claro está, no pagaréis lo mismo en el mercado de navidad de Vörösmarty tér en Budapest que en una feria más modesta en un pueblecito húngaro. Por lo general, eso sí, nunca he visto precios muy superiores a los 600 HUF (1.95€) en Hungría, mientras que en Cluj-Napoca, en Rumanía, me lo encontré por 11 RON (2.57€).

Preparando Kürtős Kalács

Ahora que ya os morís de las ganas de comer un Kürtős Kalács, aquí va mi pequeña recomendación. Compradlo en alguna feria o mercado navideño, pues pocas veces lo he visto en panaderías y similares, pero, sobretodo, que no os la den con queso por ser turistas y os den uno que esté frío. ¡El Kürtős Kalács solo se puede disfrutar si se toma bien caliente, recién hecho!

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