jueves, 8 de septiembre de 2011

Greyfriars Kirk Bobby, el perro más famoso de Escocia

Este artículo pertenece a la guía de Edimburgo de Vivir Europa.

En mi viaje a Edimburgo de este año aproveché que volvía a España con un vuelo por la tarde para dedicar la mañana a hacer una última visita en la ciudad. Así fue como acudí al Greyfriars Kirkyard, al sur del castillo de Edimburgo, en el que se encuentran la iglesia de Greyfriars y la tumba de Bobby, un perro que se ha convertido en uno de los símbolos de la ciudad.

Greyfriars Bobby

El cementerio y la iglesia de Greyfriars

La verdad es que puede parecer a simple vista que no hay nada particularmente interesante en la iglesia de Greyfriars. Una iglesia perteneciente a la órden de frailes franciscanos que hasta el siglo XVI habitaba esa zona de la ciudad. Pero sí que tiene especial belleza su cementerio, creado en ese mismo siglo, y que, como tantos otros cementerios británicos tiene una magia tremenda. Me atrevería a decir que los cementerios españoles solo son tristes, mientras que los británicos son más melancólicos.

Entre las tumbas personas notables de la ciudad, aunque nadie de fama mundial y John Gray (Old Jock), un guardia nocturno de la policía de Edimburgo que jamás habría llegado a ser recordado tras su muerte por tuberculosis en 1858 de no ser por su perro, Bobby.

Bobby, el perro más fiel de Escocia

Greyfriars Bobby's headstone

La historia de Bobby es una de tantas historias que crees a medias cuando te cuentan. A medias porque por un lado parecen demasiado absurdas o insólitas como para ser creídas, pero por el otro lado son demasiado inofensivas como para que merezca la pena mentir sobre ellas.

Se dice que, tras la muerte de su dueño, John Gray, éste fue enterrado en el cementerio de Greyfriars. Bobby, en un ejemplo claro de que el perro es el mejor amigo del hombre, no solo no olvidó a su dueño, sino que pasó el resto de su vida guardando la tumba de John día y noche. ¡Nada menos que 14 años sin separarse de su dueño, ya fallecido!

Ante semejante ejemplo de amistad y devoción, la ciudad de Edimburgo se puso a los pies del canino personaje y una vez muerto lo enterraron en una tumba lo más cercana al recinto sacro posible, además de alzar una estatua en su honor que podéis encontrar en la esquina de Candlemaker Row y George IV Bridge, justo a la salida del cementerio de Greyfriars.

Si aún no quedáis satisfechos tras visitar Gryefriars, podréis ver el collar y el comedero de Bobby en el museo de Edimburgo que se encuentra en la Royal Mile. ¡Se supone que son los originales!

Nota: las fotografías de este artículo han sido realizadas por Gerardo Curiel y usadas en Vivir Europa mediante la licencia Creative Commons.

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