miércoles, 13 de julio de 2011

Tarde mágica en la Oslo Domkirke, la catedral de Oslo

Este artículo pertenece a la guía de Oslo de Vivir Europa.

En ocasiones los momentos más mágicos de un viaje tienen lugar en lugares que ni tan siquiera tenías previsto visitar. Creo que esto lo sabemos todos los viajeros, y es uno de los motivos que nos lleva a no planificar demasiado nuestras escapadas. Queremos dejar cierto espacio a la improvisación porque sabemos que ésta nos sabe recompensar con creces la confianza prestada.

Así, paseando una de mis últimas tardes por el centro de la capital de Noruega, con la noche ya bien entrada a pesar de rondarse las seis de la tarde en el reloj, unos efectos visuales superpuestos a un edificio que sin duda parecía una iglesia me llamaron la atención. Al haberme dejado llevar por la amiga que me acompañaba en el trayecto, no tenía ni idea de dónde nos encontrábamos exactamente, y por tanto no tenía idea de que estaba grabando la Oslo Domkirke, catedral de Oslo, cuando filmé el siguiente vídeo.

Al acudir a observar de cerca esta construcción, desconocida para mí aún, contemplé un pequeño cartel que anunciaba música de violín y órgano en directo. He de reconocer que no soy un gran fan de las construcciones religiosas en general, aunque mi curiosidad siempre me termina metiendo en muchas de las que me encuentro por el camino, pero desde siempre el órgano ha sido un instrumento que me ha atraído tremendamente. Una sola nota de este artilugio tan representativo de los grandes templos cristianos me hace rápidamente rememorar la Tocata y Fuga de Johann Sebastian Bach, sin duda mi pieza de música clásica favorita.

Ni corto ni perezoso nos adentramos en la catedral de Oslo y una simpática señora nos obsequió con un delicioso panecillo. No tenía nada dentro, ni chocolate, ni mermelada, ni miel, pero su sabor, si me permitís la guasa, era celestial. Con el estómago feliz nos dispusimos mi amiga y yo a disfrutar de un inesperado y fantástico concierto de órgano y violín. Una auténtica pasada que mi cámara del iPhone jamás podría representar justamente. No obstante aquí tenéis al menos la prueba de que allí estuve.

No había prácticamente asistentes, lo cual me sorprendió y enfadó a la vez. De hecho creo que la mayoría de la gente que había en la catedral estaba allí para escapar de la fría tarde noruega y comer un par de bollos gratis de paso. Es una pena, pues no me importaría poder disfrutar de conciertos así de forma habitual en mi ciudad.

Aunque en el vídeo no se puedan apreciar bien, los detalles de la Oslo Domkirke son bastante austeros, teniendo en cuenta que estamos hablando de una catedral. Lo cual casi me agradó porque pegaba bastante con la experiencia vivida. No obstante me gustaría ver de día el exterior de la catedral, pues no tuve tiempo de hacerlo durante este viaje a Oslo.

¿Cuál ha sido la última gran experiencia viajera inesperada que habéis tenido? ¿Algún concierto de órgano y violín? Ya sabéis que os espero en los comentarios.

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Realizado por Víctor M. Martínez Valero.

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