miércoles, 8 de junio de 2011

Visita frustrada al Holmenkollen

Este artículo pertenece a la guía de Oslo de Vivir Europa.

Este artículo debería hablaros del Holmenkollen. Una pequeña zona montañosa justo a las afueras de Oslo que es famosa por su gigante plataforma de salto de esquí. Un símbolo de la ciudad, y un lugar de reunión de los oslenses durante el verano también, cuando la salida a la montaña gana un mayor aliciente gracias a las atracciones de la zona.

Debería comentaros que la atracción turística más visita de Noruega, especialmente por locales, el Holmenkollen National Arena se restauró para ser sede del Campeonato del Mundo Nórdico de Esquí, que se realizó los pasados meses de febrero y marzo.

Camino al Holmenkollen.

Y también debería mencionar sus fantásticas vistas de Oslo y la montaña, su museo del esquí y sus distintos bares y tiendas.

Pero en lugar de todo eso voy a hablar de algo que es tan importante para un viajero como la propia guía de viaje o un blog de viajes como éste. El instinto. En general suelo pensar que las personas subestimamos nuestros instintos. Y lo que me sucedió en mi visita al Holmenkollen fue un ejemplo claro de ello.

El día amaneció nublado, oscuro, triste en la capital de Noruega cuando me dispuse a realizar mi visita a Holmenkollen en una combinación de metro y autobús, pues la estación de metro de Holmenkollen de la línea 1, que te deja en la misma montaña, estaba en obras.

Camino al Holmenkollen.

Mi instinto, que es mucho menos tonto que yo, me dijo que seguramente, aunque fuese mi último día de Oslo Pass, las vistas desde el Holmenkollen no parecía que serían demasiado especiales, y que lo mejor era profundizar más en el centro de la ciudad.

Pero no, no le hice caso, y cuando llegué a la colina me encontré con las vistas que podéis ver en las fotos del artículo. Ningunas. La niebla era tan densa, y el frío tan intenso a pesar de ser tan solo finales de octubre, que no llegué ni siquiera a encontrar la rampa de salto de esquí. Tan solo veía luces lejanas y oía ruidos de obras, de obreros terminando la restauración.

Tras perderme tratando de guiarme mediante el incompleto GPS y mi fuerza de voluntad. Cansado, con frío e incluso con algo de miedo, tuve que dar la vuelta y, recorriendo mis pasos, regresar a la ciudad, donde un chaparrón tremendo me hizo ver que al menos había entrado en razón antes de exponerme a una posible neumonía.

Camino al Holmenkollen.

La moraleja, como os he dicho, es que para disfrutar al máximo de vuestros viajes, en alguna situación tendréis que hacer caso también de vuestros instintos. En ocasiones os pueden ahorrar malostragos, indigestiones, o incluso cosas peores. ¡Eso sí! Si no funcionan, no me reclaméis nada.

¿Y vosotros en qué momento de vuestro viaje habéis hecho caso de vuestro instinto para ahorraros una mala experiencia?

Tu viaje a Oslo comienza en Vivir Europa

 

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Realizado por Víctor M. Martínez Valero.

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