miércoles, 20 de octubre de 2010

5 desayunos poco habituales

Supongo que en el título me faltó la coletilla “para mí”. Algo bueno de viajar, de vivir en nuevos lugares, con nuevas gentes y culturas, es que hasta lo más cotidiano y monótono se puede convertir en toda una nueva experiencia, un nuevo mundo.

Algo así me sucedió en mi estancia en Southampton en septiembre de 2010. Tuve la fortuna de compartir durante dos semanas muchos desayunos con mi hermano y sus compañeros de piso en la residencia. Nada menos que nueve personas de seis nacionalidades distintas.

Gracias a esto, mis desayunos dejaron de ser el monótono café con leche y bollo o tostada de Valencia que, con un poco de suerte viene acompañado de un zumo de naranja recién exprimida.

¡Ojo! Decir que no tengo nada en contra de este desayuno, y que sigue estando entre mis favoritos a pesar de lo visto y probado, pero aquí os dejo una lista de otros cinco desayunos que estoy seguro que nunca pediríais en vuestra cafetería favorita (y que tampoco os pondríais a preparar en vuestra casa).

1. Full English Breakfast

Full English Breakfast.

El primero de la lista fue perpetrado por mi hermano y por mí en un Wetherspoon y tengo que decir que es uno de mis Guilty Pleasures. En cualquiera de sus modalidades el desayuno inglés no es apto ni mucho menos para los estómagos latinos, menos aún a primera hora de la mañana.

Un desayuno inglés típico podría constar de (cuántos más elementos de esta lista mejor): huevos fritos o revueltos, baked beans (judías con tomate), bacon, morcilla, hash browns (una especie de puré de patata frito), champiñones, salchichas, tomates, y tostadas con mantequilla.

Hay variantes para todos los gustos, pero puedes esperar algo así cuando pidas uno. Si después de esto quieres comer, eres un ganador, amigo.

2. Special Spanish

Special Spanish.

Llamo de esta forma cariñosa al desayuno que un chico alemán se atizó buena parte de los días que estuve en Southampton. Consiste básicamente en tres ingredientes. Sencillo.

Café americano, pan de molde y una bandeja al menos de chorizo en rodajas. Sí, nada más, toda una bandejita de chorizo para quitarse el regusto mañanero.

3. Liechtensteinish

Liechtensteinish.

Aunque el chico de Liechtenstein me perjuró que ése desayuno no lo hacía casi nunca no puede dejar de sorprenderme por su sencillez y aporte protéico. Se trata de tres huevos fritos con la mayor cantidad de especias en polvo posible.

Se come sin pan ni nada, nada de nada. Que todo lo que le pongas de más son grasas y azúcares.

4. Vamos a ponerle algo a esto que está soso

Vamos a ponerle algo a esto que está soso.

Este desayuno es mío. Mi hermano y yo queríamos probar la mantequilla de cacahuete. Uno está harto de verla por la tele pero no quiere pagar los casi cinco euros que cuesta en un Corte Inglés español.

Pues bien, la mantequilla de cacahuete, más allá de la bomba calórica que sea es... sosa. Y como no tenía mermelada, que se supone que es lo que se tiene que poner, pues disfruté combinándola con todo tipo de fiambre. Pechuga de pollo, de pavo, mortadela, lo que fuese.

El resultado: no volveré a hacerlo.

5. Chicken please!

Chicken please!

El último es sencillo también, pero fue el que me dio la idea de escribir este artículo. El primer día que desayunaba con todo el mundo, a mitad de nuestro desayuno llegó una chica finlandesa.

Se untó sus tostadas de mantequilla y fue a la nevera para recoger el elemento principal de su desayuno. Un pollo asado. Sí, un señor pollo asado como el que tu mami compraba los domigos para comer cuando no tenía ganas de cocinar. Ése mismo.

Cortó un par de trocitos de carne de aquí y de allá y los puso cuidadosamente en la tostada hasta cubrirla. ¡Claro que sí! ¿Para qué comer fiambre si uno puede pillar la carne de la propia fuente?

Ahora me pregunto, ¿cuáles han sido los desaýunos más raros que habéis visto hasta ahora?

 

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Realizado por Víctor M. Martínez Valero.

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